Nos es permitido soñar porque es un delito común que transige con la decencia de no encontrarnos como ultimo bastion ante los embates del tiempo o la impaciencia. Sueña quien desespera en una sala de espera, sueña el que combate las artes del olvido con ingenio y dosis de entusiasmo a ratos y a cuentagotas. Sueña tambien el que olvidó bajo la mesa del tornasolado olvido tapizado de recuerdos como queriendo traer memorias al gris asunto en cuestión.
El delito es muy exacto pero la pena es difusa. Si soñar trae cadenas la libertad no es castigo, la peor pena sería permitir que sigamos encadenados a ese sueño. Delinquir en tan noble y pecaminoso arte de, despiertos, entronizar el sublime concepto de pensar lo imposible, echa por tierra cualquier tentativa de salvación en el limbo eterno de las almas sin Dios y de
Y así nos perpetuamos, yo soñando, tu en mis sueños. Como víctimas de una ruleta que, impiadosa, nos destina a preservar la identidad de nuestros anhelos más caros. Pero siempre soñando, yo en tu cuerpo, vos conmigo, cantándote poesías al oído en una noche que se haga día entre tus pechos, bebiendo el néctar incansable de mi inspiración, en cada hálito de vida que exhales de tu seno…
Hoy me puedo permitir la licencia de soñar…
Total, es gratis… y hermoso…

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